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 Kaappaus [Reivan]

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Pyrena
Guerrer@ Kish
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MensajeTema: Kaappaus [Reivan]   Vie Feb 04, 2011 3:46 am


De vuelta a sus labores de vigilancia, ni más ni menos. Había pasado tiempo desde el incidente del volcán, desde el incidente donde se había ganado una nueva cicatriz y desde que había odiado a aquel desconocido tan insoportable. Desde luego lo seguía odiando, aunque el paso de los días había comenzado a desgastar un poco aquel sentimiento que revivía cada vez que tocaba su cuello, donde ahora había permanentemente un pañuelo en él.

Pyrena no había informado a sus superiores de lo que sabía del incidente del volcán, ni pensaba en hacerlo. Aquella información habría sido de gran utilidad para ellos, quizás hasta le supondría algún ascenso –con lo valioso que le sería uno, teniendo en cuenta lo joven que era- pero de todas formas no había hablado. Hacerlo sería el equivalente a admitir su derrota ante aquel idiota Umma, y no había acenso que justificara tragar su orgullo, quemarlo para ser más figurativos.

De modo que en lugar de andándose codeando con los altos mandos, Pyrena seguía cumpliendo con sus misiones de vigilante en las afueras del reino, donde había poco más que arena e insectos. Por fortuna, había un poco más y ese poco se traducía en un modesto oasis, cercano a donde ella se encontraba. Pyrena se había pasado toda la mañana vigilando y sentía hambre y sed. Podía apañárselas lo primero, pero lo segundo era un tanto preocupante y finalmente se decidió a ir a por un trago de agua y, de paso, algo de sombra. No le molestaba el Sol, probablemente no duraría mucho en un mundo donde no sintiera su calor, pero además de guerrera era humana y no podía descuidar su cuerpo, que al fin y al cabo era lo que le permitía vivir mas o menos decentemente.

Así pues la mujer se dirigió rumbo al oasis, un paraíso verdoso como sacado de un sueño en medio de tal desierto. Pyrena jamás había visto un espejismo, pero podría asegurar que así debía de verse uno, así de prometedor y agradable. Finalmente sus pies pisaron algo de sombra y pronto su cuerpo se cubrió de ella, obra de las plantas abandonadas en medio de la nada. Unos metros mas adelante tenía el oasis, lleno de agua cristalina. No le habría extrañado en lo más mínimo encontrarse al mismísimo dios Samash bañándose en esas aguas, pero allí no había nadie más que ella: ni animales y mucho menos jóvenes de oro.

Se inclinó sobre el agua y vio su reflejo en ella. Allí estaba ella, más o menos con el mismo aspecto de siempre, guiñando los ojos a causa de tanta luz y con una expresión algo severa y cansada. Arrugó el ceño al ver su pañuelo rojo allí en su cuello. Se inclinó aun más y con sus manos logró retener algo de agua fresca, la cual bebió casi de inmediato. El frío no le gustaba para nada, pero no veía nada de malo en refrescarse de vez en cuando.

No podía retrasarse mucho allí, no podía olvidar que estaba cumpliendo con su deber –como siempre, Pyri cariño-. Sin embargo, ¿qué tenía de malo un descansito? Sin duda esos gorilas que tenía por colegas tomaban más de uno en el día y siempre estaban para cubrirse sus espaldas o delatarse. Ella estaba sola, como casi siempre, y se le había educado para cumplir siempre con su deber. Con aquellos pensamientos se convenció de que estaba bien y sumergió sus pies en el oasis, tras haberse quitado sus sandalias y dejarlas por ahí. Aquello sí que era agradable, debía permitirse algo así de vez en cuando.
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Reivan
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Vie Feb 04, 2011 11:05 am

Sin caballo pero como rejuvenecido, estaba cogiendo el gusto a no tener caballo, aunque algunos de los niños de Nínive me preguntaban por Bast, ello se debía a que aveces les dejaba montar y pasear con él, y claro, ir sin el por allí no era tan fácil como imaginé, aunque el hecho de decir que estaba en la cuadra me libraba de bastante, con el tiempo que había pasado fuera la ultima vez y los días de mi ausencia a causa de ello en el palacio, no debía , aunque mi cuerpo me lo pedía, aveces no sabia que hacia exactamente ahí, ni ayudaba a Ninlil ni a Aura, menos podía hacer con Ariadne pero tampoco es que se dejasen ayudar en exceso que se dijera.

Con aquella salida aprendí, sin quererlo, a saber valorar los transportes/caballos/amigos pero también a tener resistencia y me había gustado eso de ir caminando solo de reino a reino, aunque ahora que tenia que volver a Kish no sabía si arriesgarme a tomar un caballo prestado y que terminase tan mal como el mio o ir a pie, lo más sensato era lo del caballo y a la par lo más insensato.

Así que como era usual me dirigí a las afueras del reino, aunque esta vez de día, de buena mañana, sobre las 10 y media, buena hora para ir a Kish, allí el sol aun no calentaba demasiado y era soportable, de todas formas tenía la idea de tomarme un descanso en el Oasis, me había gustado la ultima vez, muy buen trato y casi mejor que ir a la Taberna de borrachos. ¿que si había pensado en Pyrena? un poco solo, prefería pensar en otras cosas.

Cuando me dirigí a salir, miré el cielo, los ropajes desgastados de otras veces y la soberana idea que me había pasado todo el rato de coger un caballo, pero me fiaba tan poco de ellos como de los demás, vi un caballo pastando solo, era uno de los que servía para trabajar la tierra, pero opté por no cogerlo, dudo que a la gente le gustase que lo robase, ello solo fomentaría más sospechas sobre lo que hice o dejé de hacer la otra vez.

Me encaminé en dirección a Kish, llevaba una bolsa llena con lo necesario para no tener que robar ni nada, el camino fué tranquilo, se podía notar en el aire, como pasaba de temperaturas más frías a otras más calurosas, más pesadas, pero la caminata solo me hacia más ganas de beber y aunque llevaba en la mano un pequeño recipiente de barro duro donde dentro se encontraba el agua, bebí cuanta sed tenia pero mesurandolo para que tuviera lo suficiente para la vuelta.

Luego de varias horas bajo el manto solar, pasando por la zona fronteriza, frondosa en montañas y arboles, llegué por fin a Kish, mi destino, la capucha y la capa me resguardaban del viento del desierto, ese largo recorrido sin rumbo, en el que me habría perdido seguro y del que a causa de las ilusiones opticas, imaginé un par de veces agua donde no había más que arena, mucha arena, por momentos creí que aquello no era más que otra locura y que al final fallecería por no saber donde estaba, por mucho que siguiese huellas, estas desaparecían como si nunca hubiesen existido, al fín pude observar el Oasis, fuí corriendo como si mi vida hubiese sido salvada por aquel espejismo, pero era real, sonreí, lo había logrado, ahora simplemente debía pasar desapercibido, me acerqué allí y ni me fijé en los vigias, simplemente vi aquella cristalina de agua y empecé a beber sin más aunque el reflejo de otra persona en el agua se me hizo muy familiar, levante un poco la cabeza y vi a Pyrena, eso era llamarlo mala suerte, no iba a fonamentar la discusión esta vez, mojé mi cabeza para refrescarme y hice como si no la hubiese visto, así era mejor, solo confiaba en que no hubiera dicho nada de mí ni del volcán.

Sonreí alegre, la había vuelto a ver, pero no hice ademán de que fuese por ella y no por haber encontrado el Oasis, era una mezcla de alegría, como de haber cumplido y superado un reto, incluso por momentos deseé que empezase la guerra, a ningún guerrero se le ocurriría visitar el Oasis, demasiado paradisíaco para una guerra, luego de limpiarme la cara, se me ocurrió una idea, era más bien infantil, pero era lo mínimo, mi modo de agradecerle todo, me levanté y me acerqué a ella con disimulo, como si no la conociese, luego simplemente la empujé lanzandola al agua que estaba tibia, para poco después tumbarme en la arena tomando el sol, no pensaba moverme de allí, era el Edén del desierto. Respiré con tranquilidad, pero sudando a causa de la caminata, mis ropajes estaban sudados, pero con este momento y pasandome el día aquí se me secaría todo y volvería como si nada hubiese ocurrido, lo que no sabia es que estaba prácticamente indefenso, la arena del desierto y del Oasis no eran demasiado buenas a la hora de seguir instrucciones, eran bastante rebeldes por decirlo así, aunque ella parecía estar sola, no debía preocuparme, simplemente disfrutar, pero la marca del rostro firmada por Pyrena que ahora estaba mojada, era un recordatorio que me decía que debía tener cuidado, aunque en teoría siempre lo tuviese, a la practica no siempre.
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Pyrena
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Vie Feb 04, 2011 4:37 pm

Un descanso, no había sido tan mala idea. Sólo era cuestión de no pasar de un extremo al otro, no comportarse como los vagos de sus compañeros pero tampoco estar todo el tiempo cumpliendo. Sin embargo, eso de parar un momento a relajarse y hasta a disfrutar del día ya le parecía un poco excesivo; quizás solo debía de haberse quedado a beber un poco de agua y luego marcharse, pero para cuando pensó en considerar aquello ya era demasiado tarde.

El agua cristalina de pronto le devolvió otro reflejo además del suyo, el reflejo de la última persona que esperaba encontrarse en Kish. Por un momento fantaseó con que se trataba del mismísimo Samash, de su primer espejismo, pero al alzar levemente la mirada descubrió que el sujeto era real… y que simulaba no darse cuenta de su presencia. Mejor así, se dijo, aunque en el fondo se sentía un tanto decepcionada: hubiera preferido seguir peleando con él. Sin embargo así era mejor, simulando que no se conocían y dejando en paz los nombres de ambos… suponiendo que tuviera un nombre, claro. Debía de tenerlo, alguno mejor que “Idiota de Umma”.

Pyrena decidió simular que tampoco sabía de su existencia ni le importaba, y siguió con la mirada baja, refrescándose un rato más, aunque lo cierto era que ya no estaba de humor para refrescarse y mucho menos descansar, no con él cerca. Estaba por sacar sus pies del agua y tomar sus sandalias cuando vio que el Umma se ponía de pie, al parecer con su sed ya saciada y… ¿era su imaginación o había sonreído segundos atrás? A lo mejor se trataba de su primer espejismo, sí, probablemente era eso. El calor, el hambre, la sed…

El hambre, el calor y la sed desaparecieron de repente de la mente de Pyrena. En lugar de eso solo pudo pensar en una cosa: agua. Al pasar por su lado el Umma había decidido sembrar la semilla de la discordia en el oasis y, ¡oh sorpresa! La había empujado al agua como quien no quiere la cosa. El problema radicaba en que Pyresa sí se había sorprendido, demasiado, y tras eso había que sumar que no sabía nadar –el agua no abundaba precisamente en Kish-. Pyrena tardó un par de segundos en volver a asomar a la superficie, poniéndose de pie pues el oasis no era tan profundo. El pañuelo se le había desatado, por lo que muy molesta se tomó unos segundos para atraparlo entre tanta agua y luego volvérselo a atar al cuello. La herida no desaparecería, se decía, sin importar cuantos ungüentos y medicinas usara.

Finalmente salió del oasis con el aspecto de un gato mojado furioso más que con el de una guerrera. Sus ropas, que de por sí no eran muchas, estaban empapadas al igual que ella y se le pegaban al cuerpo allí donde tuvieran oportunidad. No dejaban mucho lugar a la imaginación. Ella no le dio demasiada importancia a ello, ya tendría tiempo de sobra para sentirse avergonzada, y se dirigió hacia el Umma, que descansaba acostado sobre el suelo como si nada hubiese ocurrido. Aquello le desconcertó un poco, pero no iba a aplacarla con eso. Dándole una fuerte patada en uno de sus costados exigió su atención.

-¿Qué creéis que hacéis? –exigió mientras rebuscaba entre sus ropajes mojados hasta encontrar una pequeña daga. La patada en sí solo había sido una distracción –y otro capricho que había querido concederse- y sin más se abalanzó sobre el Umma, sentándose a horcajadas sobre su pecho y posicionando la daga sobre su cuello, aunque no de una manera firme. Había aprendido eso en los entrenamientos con su padre: sentarse sobre el pecho de la víctima no solo era una buena manera de inmovilizarla, sino que además inducía a la asfixia, volviendo más y más difícil la respiración. Ella misma lo había experimentado de primera mano, y presentía que se iba a divertir mucho cuando su contrincante pasara a verse de un bonito tono azulado… aunque claro, tampoco podía subestimarlo tanto.

-¿Hoy no hay caballo? –espetó burlona no sin dificultad, pues ella también se estaba esforzando por mantenerse allí. No pudo evitar sonreír; ese día sí conseguiría lo que quería… aunque ya no le quedaba del todo claro qué quería. ¿Matarlo? Quizás. Así al menos volvería a sentirse orgullosa de sí misma. Eso era, todo era cuestión de orgullo.
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Reivan
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Vie Feb 04, 2011 5:15 pm

Tumbado mirando el sol azulado, había escuchado el chapuzón, pero ni me había inmutado, simplemente había permanecido allí, disfrutando de la placentera tarde, era cierto que había fonamentado a la pelea, pero ¿que era una tarde sin discusiones? demasiado aburridas, aunque simplemente quería pasar la tarde, habia perdido el interés en lo que habia sido de esa tal Pyrena, y simplemente cerró los ojos, escuchando el viento, ese viento pasajero y tranquilo, la brisa desertica.

Puse mis manos bajo mi cabeza doblandolas, pero al estar incomodo, simplemente las estiré, notando la suave arena bajo mí, ni siquiera percibí que se acercaba ella, aunque todo cambió al recibir el golpe en el costado, abrí los ojos como reacción pero cuando iba a cogerle la pierna, noté su cuerpo mojado sobre el mío seco, como las gotas de su cabello empezaban a caer sobre los ropajes de mi torso y como...como...le intentaba mirar la cara, pero mi visión iba un poco más al sur de su rostro, desvié la mirada, y estaba soberanamente sonrojado, aunque el hecho de que empezara a asfixiarme no me agradaba tanto como el panorama visual, la chica estaba muy muy bien, para ser ella, la asesina caballos.

-Hay buenas vistas desde aquí-dije un poco entrecortado, pero pese a que habia buenas vistas no estaba por la labor de dejarme asfixiar por la psicopata que tenía nombre de fuego, aunque en cierto modo tenia su logica ¿mi nombre que significado tenía? ¿como me ponia a pensar en nombres en una situación asi? negué para mí, odiaba irme por las ramas, incluso pensando.

Empecé a moverme de un lado a otro hasta que liberé mis manos de su inmobilización, cuando éstas fueron liberadas las dirigí hacia su cuerpo dandole un fuerte empujón, aunque con ello, tuvo que sentir otro corte de la daga, pero eran daños colaterales, prefería eso a ser vencido por aquella Kish, el corte fué en el cuello como era de esperar, pero no era muy profundo, con toda la rapidez que podía e ignorando el corte, me puse sobre ella en un cambio de juego, en el que las tornas habían cambiado, mi respiración se había acelerado en comparación a cuando estaba tumbado simplemente disfrutando, había pasado de una tranquilidad absoluta a una tensión más bien provocada, pero a la par, divertida.

-Las turnas han cambiado, querida Pyrena-dije sonriendo de lado, posando mi cuerpo sobre el de ella, aunque simplemente la mano en el cuello de esta, como aviso, no sin intención de ahogarla, medida de protección, habia ignorado sus preguntas, estaba claro lo que hacía, era mi manera de decir "que alegría veros", ahora mi camisa estaba mojada, y mi trasero empezaba a mojarse de igual modo, aunque su cabello rojizo entremezclado con la arena, parecian pequeñas perlas, las que solian llevar las sirenas, le daba cierto atractivo, sonreí.

-Es extraño, estar mojada os favorece, debería lanzaros más-dije sonriendo divertido, provocando un poco, pero a la vez era verdad, le aparté un poco el pelo que le tapaba la cara y puse mis manos sobre las de ella, para inmobilizarlas, tenerla a mi merced, dudaba que pudiese crear fuego con las manos mojadas, aunque tampoco es que fuera un experto en la creación de fuego ¿era experto en algo? no.

Me quedé mirandola, mi vista se perdía de nuevo en la de ella, haciendo que inconscientemente no hiciera mucha presión contra ella, sino más bien al contrario, ahora era mi oportunidad de matarla o de herirla, ella podia ser habilidosa pero yo era más fuerte, con querer, la podría matar, pero siendo realistas, no sabía si quería, estaba un poco bastante confundido frente a ella, pese a que no lo reconociese.

-Reivan...me llamo Reivan-dije simplemente, es lo unico que me salió, creo que eso no era lo correcto, hice presión en sus manos pero realmente no sabia que hacer.

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Pyrena
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Vie Feb 04, 2011 6:15 pm

Pyrena no pudo evitar sorprenderse al notar que el Umma gastaba el poco aire que podía conseguir en intentar fastidiarle, pero en sí no podría haber esperado menos de él, y más que un honor aquello era algo bastante penoso. Para su sorpresa el joven no se tornó de un color azulado, sino que lo hizo de un tono rojizo que resultó ser contagioso. Además, no podía evitar notar que el Umma no miraba precisamente su rostro y eso le hizo sostener la daga con mayor firmeza, mientras consideraba seriamente degollarlo o no.

Comenzó a forcejear con él, intentando en vano mantenerlo quieto con su mano libre. Lamentablemente no había tenido en cuenta que en sus entrenamientos la víctima de la asfixia siempre solía ser ella, y jamás había logrado zafarse. Sin embargo, si la agresora era ella, cuya especialidad no era exactamente la fuerza… no había persistencia que valiera. Tuvo que aceptar de mala gana el empujón, que prácticamente le hizo regresar a su antiguo papel de víctima.

Intentó incorporarse de manera rápida, pero no fue lo suficiente veloz y en pocos segundos lo tuvo sobre ella, aparentemente satisfecho. Ella se alegró ligeramente al notar que el corte en su rostro no había desaparecido y al ver que ahora tenía un pequeño corte en su cuello, pero la alegría solo fue pasajera. Como él decía, las tornas se habían invertido y ahora… ahora… entrecerró los ojos al sentir su mano sobre su cuello, ¿acaso pensaba asfixiarla también? En realidad se lo tendría merecido, y si lo hiciera no habría nadie que lamentara su pérdida, pero no ocurrió nada. Simplemente era una advertencia, al menos de momento, pero no pudo evitar quitarse los nervios inesperados, no si lo que estaba tocando era su cuello. ¿Y si intentaba ahorcarla utilizando su pañuelo? Pyrena se dedicó a imaginar distintos métodos para acabar con su vida por unos segundos.

-Pervertido… -alcanzó a murmurar al oír su comentario, provocando que su rostro ardiera de repente y probablemente se volviera tan rojizo como el de él momentos atrás, mientras le apartaba algo de cabello del rostro. A decir verdad ella no era la persona mas adecuada para juzgar las perversiones de los demás, si vamos al caso. Estaba comenzando a despreciarlo más de la cuenta, ahora por sus comentarios tan propios de cualquier hombre, pero no podía negar que una parte de ella se estaba divirtiendo al menos un poco, aquella parte suicida suya. Porque iba a morir si no hacía algo pronto, no tenía dudas al respecto.

Intentó mover sus manos inmovilizadas, pero solo consiguió mover algunos de sus dedos y nada más. Aquel cuerpo algo mas frío que el suyo le agradaba, era fuerte y a la vez ágil. Se sorprendió a si misma confundida mientras observaba aquel rostro que también se mostraba confuso, ¿acaso no sabía qué hacer con ella? Se sorprendió también al oírle decirle su nombre, así que no se llamaba “Idiota de Umma”, como ella había pasado a nombrarle en su mente.

-Reivan… -murmuró mientras escudriñaba su rostro con una expresión indescifrable. De pronto sonrió, pero de una forma burlona. –Sois la persona más idiota que conozco.

Adios al ambiente tenso que se había creado. Pyrena alzó cuanto pudo su cabeza y sin miramientos clavó sus dientes en el brazo de Reivan tan fuerte como pudo, logrando que este liberara su mano y así tomando la daga que reposaba a unos centímetros de esta. Interpuso el filo entre él y ella y como pudo se incorporó medio sentada.

-No te me acerques. –exigió, mientras frotaba su mano libre contra la arena, haciéndose algo de daño pero a la vez intentando dejarla lo más ceca posible. Había visto duda en los ojos de Reivan y su padre se había asegurado de que aprendiera a aprovecharse de los momentos adecuados en las situaciones más críticas. Alzó de repente su mano libre y de ella salieron un par de llamas, débiles pero de un tono rojizo más que vistoso en contraste con el cielo azul, y salieron disparadas al cielo. Pyrena pidió por primera vez en su vida refuerzos.


Última edición por Pyrena el Vie Feb 04, 2011 7:53 pm, editado 1 vez
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Reivan
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Vie Feb 04, 2011 7:04 pm

Aquel momento tenso, estaba finalizando, mis manos aun mantenían firmemente las suyas, pero estaba claramente confundido ¿por que le había dicho el nombre? hubiera sido mejor matarla, di un largo suspiro, pero para cuando iba a reaccionar, ella levantó la cabeza y mordió mi brazo, grité entre sorprendido y extrañado, miré mi brazo en el cual tenia las señales de sus dientes en él y maldije, la maldije a ella, en un idioma desconocido, bueno conocido entre los habitantes de Nínive, el antiguo Níniveano, pero poco duró, ya tenia su daga entre ella y yo, como la muralla afilada entre ambos, en esos momentos me mantuve quieto, sin hacer movimiento alguno.

Por momentos creí ver el duelo este perdido, pero no tenía por regla dejarme vencer, aunque debía admitir que la confusión no me había hecho ningún bien, es más, esta situación no estaba haciendo ni el más mínimo bien, volvía a perder el control de lo que me rodeaba, eso me estaba empezando a cansar, entonces recordé lo que me dijo Enlil " Manten la mente fría en todo momento", sí, de eso se trataba, aunque en estos momentos parecía estar tíbia con tendencia a calentarse, pero apreté los dientes y me negué a que pasara de ahí,no podía perder el norte por esa maldita confusión momentanea.

Sacudí la cabeza como intentando olvidar todo, centrarme solamente en ella y yo, mejor dicho, en no terminar muerto, pero su siguiente movimiento, el cual conocía porque lo había visto hacer a algunos guerreros como voz de alarma para la captura de algún ladrón, asesino o delincuente en general , cosa que no me agradaba, me levanté rápidamente y saqué el arma empuñandola con firmeza, la dejaba libre, dado que él ya no estaba sobre ella, entonces como era lógico, la adrenalina empezó a hacer mella en él, la adrenalina junto al miedo, ese miedo que solía aplacar con diversión y burla, aun así me mantuve allí, si salía corriendo sabía que no llegaría muy lejos, miré por primera vez después de un largo tiempo la bolsa con la que había llegado, donde uno de los manjares estaba tirado por el suelo, una pera estaba llena de arena y el resto estaba en el interior de aquella bolsa de tela clara, la cual resaltaba en mis usuales ropajes oscuros.

Empuñé la espada mirandola, pero no como antes, sino a la defensiva, en un acto de impulsividad acercó la espada contra su cuerpo, estaba creando en mi vida un caos que no habia llegado a querer, lo buscaba pero nunca quería encontrarlo y con ella lo habia encontrado, la mezcla de decepción conmigo mismo y la ira/atraccion que me fonamentaba estaba volviendome debil y no lo iba a conseguir, volvería esta noche a Nínive, volvería.

-No sois nadie para mandarme, nadie-dije amenazante , acercando el filo de mi espada en su cuerpo aun mojado, pero que aunque no habia perdido belleza ni mucho menos, ahora lo veia desde la perspectiva del enemigo, o eso queria hacerme creer, no podía dejarme guiar por confusiones, el amor no existía, no el amor entre dos desconocidos y menos con ella, era inexistente, todo era a causa de las temperaturas y demas tonterias.

Pese a que aun me preocupaba lo de sus fuegos, confiaba en que no tuviera la suficiente suerte de que éstos fuesen vistos, por ahora tocaba el hecho de que era mi turno en la "pelea", intenté crear un terremoto, pero pese a que lo hice, solo parecía moverse levemente la tierra, como si la arena se pusiese a bailar, habia demasiadas capas como para causar grandes daños y no quería dividir el Oasis en dos, ni nada por el estilo, así que de algun modo en ese sentido estaba un poco cohibido, viendo que ese poder no funcionaba y el otro no me era de utilidad, solo eran las armas y yo contra ella, sus armas y sus poderes, genial, vease la ironía.

-Asi que no sois más que una cobarde que busca a sus amiguitos para que la ayuden,no? yo esperaba más de vos-dije sinceramente y me acerqué a ella sin remordimientos, como si las ideas se me hubiesen vuelto claras de repente, o ella y sus amiguitos o yo, prefería yo, que egoista sonaba, pero no era muy fan de dejarme matar.
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Pyrena
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Vie Feb 04, 2011 9:02 pm

Era un hecho: Pyrena no podía perdonarse. Para muchos no sería más que una tontería de orgullo y todos esos tantos tendrían la razón, pero para ella aquello no era así. Había hecho cosas desagradables y decepcionantes en su vida, pero aquella no podía simplificarla: todo lo contrario, la estaba magnificando. Había pedido ayuda, no era más que una inútil y si bien su padre habría aprobado que recurriera a eso, igualmente la habría llamado débil, una hija indigna de él. La satisfacción de un trabajo bien hecho no le servía de nada.

Bajó la mirada, sin molestarse aun en ponerse de pie y observándolo todo a su alrededor sin darle demasiada importancia a nada en especial. Logró ver sus sandalias a un lado del oasis, tal como las había dejado. Le gustaban esas sandalias, le agradaba pisar la arena con ellas… que pensamiento más estúpido, se dijo. Alzó la vista al sentir cómo un par de ojos se clavaban en ella, probablemente amenazantes.

Desde allí abajo el filo de la espada se le hacía de pronto muy prometedor. Había escuchado con anterioridad de guerreros degradados que, al perder una batalla, decidían tomar al menos su vida. Su padre le había platicado sobre ellos. Según él eran débiles, muy inútiles, pero al final tomar su vida era lo mejor que podían hacer: nadie les necesitaría. Ella había discrepado anteriormente, si se mantenían vivos quizás podrían dejar de ser débiles, pero cuando pensaba aquello no era más que una niña. En ese momento, en cambio, la idea de convertirse en una guerrera suicida no le parecía tan mala. La supervivencia del más fuerte. Pero… si ella no era fuerte, ¿por qué se suponía que seguía con vida?

Pyrena se puso de pié, sin asustarse de la espada. Si quería atacarla… que lo hiciera. Él iba a ser atrapado, dijera lo que dijera. En cuanto a ella… no estaba segura. Se sentía avergonzada de si misma, ¿qué había sido de Pyrena? Pedir ayuda… había sido su única opción si quería atrapar a aquel sujeto, él se lo merecía, había causado problemas. Pero además, le había asustado. Había temido por su vida mientras había estado tendida en el suelo, aquello era lo peor del todo, y una pequeña parte aun persistía. Sintió como el suelo comenzaba a temblar levemente, pero pronto todo volvió a estar quieto, como si nada hubiera ocurrido. Al parecer se lo había pensado dos veces.

-Si queréis matarme, hacedlo de una buena vez. –le incitó, sin quitar los ojos de él. Ella empuñaba aun su daga y disponía de sus poderes más o menos útiles. Él también tenía sus poderes, sólo que al parecer tenía más escrúpulos que ella. Las palabras de Reivan le hirieron un poco, pero no lo admitiría. Así que a él también le había decepcionado…

Abrió los ojos extrañada al notar como Reivan de pronto adoptaba una actitud resuelta, accediendo a… ¿Accediendo a que ella le matara? Al ver cómo él se le acercaba de manera resuelta, ella confirmó esa idea. ¡Sí que era un idiota! Por alguna razón pensó en eso. Por alguna razón él estaba accediendo a morir gracias a ella y no a sus colegas que, dicho sea de paso, ya podía verlos acercarse a la lejanía, dos hombretones con más músculo que sesos. Pyrena volvió a mirar al Idiota de Umma –ese nombre le quedaba mejor que Reivan, la verdad- y con un rápido movimiento se posicionó detrás de él, sujetando sus brazos y haciendo que soltara su espada. Él no iba a morirse ese día, no pensaba darle esa satisfacción tampoco.

-Sereis idiota. –le susurró al oído, pues los hombres ya se acercaban. –Os daré una vida por una vida. –dijo refiriéndose al incidente del volcán, reconociendo que quizás, sólo quizás, si no hubiera sido por su ayuda su destino no habría sido demasiado diferente al del caballo ciego. Adoptó una expresión totalmente seria al acercarse los hombres, que parecían más interesados en las ropas a medio secar de la joven que en el delincuente.

-¿Qué es esto, Pyrena? –preguntó uno de los hombres, algo escéptico por el cuadro que tenía enfrente: un oasis, una guerrera empapada y un sujeto algo fuera de lugar.

-Un ilegal, diría yo que uno de esos exiliados inútiles. –se limitó a decir. No diría nada con respecto al reino de Umma; no se lo relacionaría con el incidente y probablemente en poco tiempo se lo dejaría ir a hacer de basura para cualquier otro reino. El otro hombre se limitó a asentir y sujetó a Reivan, como si de un objeto cualquiera se tratase y no de una persona. Pyrena le envió una mirada disimulada de advertencia para que le siguiera el juego y luego se volvió a sus sandalias… no podía dejarlas, adoraba esas sandalias.


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Reivan
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Vie Feb 04, 2011 11:58 pm

¿Como habia cambiado la situación tan deprisa? ¿como de un momento a otro estaba otra vez bajo ella? tenía mis manos cogidas por las de ella, solo me habia acercado a ella y de un momento a otro ella me la habia quitado, me sentí estupido, me moví para soltarme pero fue en vano, me sentía estupido, idiota, demasiado...era como si me hubiese dejado coger, cosa que no era así, entonces vi dos grandes siluetas acercandose, me moví más pero no sabia si era porque ya me sentía derrotado o el hecho en sí, que dejé de moverme.

Su susurro solo me confirmó lo que al parecer era o estaba siendo, aparté su rostro de su boca de manera brusca, la miré sin la menor gracia y luego simplemente esperé a que llegasen, observé mi espada y la bolsa donde llevaba todo, la cual tambien abandonaría, al parecer aquí terminaba por abandonar cosas, entonces con el codo le di un golpe en su cuerpo a Pyrena, como dandole a entender que no queria eso, solo habia venido para relajarme un poco ¿por que había hecho eso? ¿por lanzarla al lago?

Cuando me liberé de ella, duró más bien poco, porque ambos hombres me cogieron de los brazos y de éstos no pude liberarme tan facilmente, mintió sobre mí, no dijo que era de Umma, no dijo que era el causante de lo del volcán, pero no estaba agradecido con ella, estaba cabreado y furioso, decepcionado y triste, triste por todo, aunque mantenia mi vista fijos en ella, a ver si captaba mis sentimientos en ellos, aunque tambien no se que podia esperar de ella.

-¡¿Solo por ello?!-dije refiriendome a lo del chapuzón, no entré mas en el tema, simplemente dejé que me llevasen, dejandome llevar, me movía, hacia lo posible por que no traspasara mi caracter a terreno de arena, pero necesitaba libertad, me sentía como un ave enjaulado, por culpa de ella, prefería morir, ¿de que me servia vivir en un reino que nunca podria utilizar mi don? ¿de que me servia no saber quien era? tenia una enorme laguna en cuanto a mi pasado y parecia ser un estupido idiota.

-No volveré, no os preocupeis-dije mintiendo, mirandola con furia y miré a los grandullones, los mismos de la taberna, pero no iba a dejar de venir a Kish por estos incidentes poco fortuitos, aunque debia replantearme mi manera de actuar aquí, no pensaba en que iba a pasar, simplemente ambos guerreros se quedaron observandola, como esperando instrucciones o algo, enarqué una ceja, tanto por la actuacion de ellos, como la de ella,que parecia más preocupada por las sandalias que por lo demás.
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Pyrena
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Sáb Feb 05, 2011 6:08 am

Pyrena calzó sus sandalias, intentando hacer caso omiso de las quejas de Reivan. Necesitaba pensar en qué cuerno estaba haciendo, pero en aquél momento no era el adecuado: no hacía más que meter la pata y arrastrar su error. Le dirigió al supuesto Umma una mirada que buscaba ser severa pero que no pudo evitar transmitir cierta tristeza; podía sentir como le decepcionaba y aunque simulaba no importarle pronto poco a poco podía descubrir que no era así. La mirada furiosa con la que el joven le respondió no le hizo sentir mejor. Él no entendía porqué hacía todo aquello y ella tampoco estaba del todo segura, habían maneras mucho mas simples de acabar todo de una buena vez.

-Encerradle. –le ordenó a los dos hombres, sin apenas saborear la superioridad de ser ella quien hubiese atrapado a alguien, sin importar el motivo. Los hombres aceptaron sin chistar, aunque no les alegraba demasiado el hecho de que una mujer les dijera qué hacer, sin importar que se tratara de prácticamente una igual. Pyrena fijó la vista en los ojos del extranjero, esta vez sin tristeza alguna, transmitiendo nada más que determinación. –Yo me ocuparé de él luego.

***


Los calabozos. Un pequeño depósito para personas que habían cometido “infracciones” a la ley del reino de Kish, un lugar donde se podía encontrar poco más que rocas y aire viciado. Las celdas eran pequeñas, con apenas un banquillo para sentarse y casi en su totalidad estaban vacías: aquellas eran celdas “de lujo”, solo para infractores menores… la gran mayoría moría antes de pisar siquiera esas celdas.

Por supuesto, Pyrena no había permitido que ese fuera el destino de Reivan. Lo había protegido –o mas o menos lo que ella entendía por “proteger”- y se había ocupado de que él no fuera tratado como más que un ilegal, alguien que se marcharía en poco tiempo a donde fuera, lejos de Kish. Pyrena había retorcido la verdad y omitido otra gran parte, hasta crear una historia lo suficientemente creíble y aburrida como para no despertar el interés de nadie en particular. En resumidas cuentas Reivan no era más que un desgraciado exiliado llamado Aaron que había intentado establecerse en el reino, cosa que no había conseguido y probablemente no lo haría jamás. Afortunadamente su actuación había sido lo bastante convincente y tras un par de preguntas incómodas relacionadas con su ropa empapada de hacía unas horas, podía dirigirse hacia la celda del Aaron… o mejor dicho de Reivan.

Con su andar característico –caminar altivo, su brazo derecho inmóvil- se acercó a la celda, que estaba en total silencio al igual que todo el lugar. No le sorprendió encontrarse con el muchacho sentado sobre la fría roca, y tampoco le habría sorprendido notar desprecio o quizás algo peor en su rostro. No le habría sorprendido, él no comprendería porqué había echo ella todo aquello, y ella no estaba segura del porqué. ¿Por qué no haberlo dejado huir de una vez? Pues porque ya había llamado a los demás guerreros, el daño ya estaba echo. Pero, ¿por qué llamarlos? Como él había dicho, en cierta forma sólo era una tontería, una manera de enseñarle con una lección que con ella no se jugaba, ni mucho menos se la arrojaba a cualquier lugar con agua. Y bien, ¿Porqué “protegerlo”? Bueno, quería creer que estaba en deuda con él, con su vida, pero no era característico de ella el pagar ese tipo de deudas, no señor.

Con una pequeña llave abrió la cerradura de la celda e ingresó en ella, sin basilar y sin quitar ojo a Reivan. Decidió ser ella quien rompiera el silencio, antes de que él comenzara a expresarle en voz alta cuánto le odiaba o algo por el estilo.

-Ya podéis marcharos, he arreglado todo. Espero que no volváis por aquí… Aaron. –dijo lo último con cierta ironía, su nombre falso. Sin embargo volvió a echarle la cerradura a la celda y sostuvo frente a sí la llave, como si fuera la primera vez que la viese. –Pero primero debo asegurarme que no armareis ningún alboroto al salir ni nada por el estilo, eso podría arruinarlo todo. –añadió con cierta desconfianza, pues dudaba que el joven estuviera feliz al momento de salir del centro: todo lo contrario, podría apostar que querría cargarse a cuanto guerrero tuviera enfrente. -¿Vais a cooperar? –preguntó, recordando haberle hecho una pregunta similar hacía algún tiempo ya; solo que esperaba que esta vez la respuesta fuera diferente; tenía muchas preguntas que hacerle.
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Reivan
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Sáb Feb 05, 2011 4:47 pm

Los minutos corrían, aun intentaba zafarme de ellos en vano, cuando ella dijo lo que no quería oír, no quería escuchar eso, pero como perros obedientes me cogieron con fuerza y me llevaron en dirección a los calabozos, les dije de todo a los hombres que me habían apresado, les hablé y blasfemé, diciendo de todo, sin pensar, ¿por que de que había servido pensar en este tiempo? de nada, simplemente para aumentar mi confusion.

Como ellos eran maás fuertes y necesitaba descansar, me dejé arrastrar, aunque ahora el hambre se ceñía de nuevo contra mí, suspiré y cuando me dejaron en el calabozo, simplemente me quedé allí, en la fría celda, que de alguna manera me hacia sentir mejor que en el exterior, no estaba acostumbrado a vivir en lugares con temperaturas tan altas, me senté en el banquito, mirando la pequeña celda, sin saber hacia donde se dirigía mi vida.

Era un barco sin destino, un barco que navegaba por tierras desconocidas en busca que ni el mismo capitán sabía, miré las celdas de mi alrededor, las cuales estaban vacías y apoyé la cabeza sobre mis manos, mirando el suelo, talvez podía escapar de allí, aunque a quien iba a engañar, lo tenía crudo.

Opté por pensar que si tenía que pasar algo, pasaría y de todas formas ella vendría a verme, así que una de dos: o algo malo pasaría y empezaría por una simple discusión o simplemente me dejaría ir, la segunda opción era la mejor, pero el hecho era que no quería irme de Kish, eso representaba no volver a discutir ( verla) con ella y no sabia si estaba dispuesto, ese banco que en realidad no era más que una roca, era incomodo, pero almenos estaba todo en silencio, necesitaba meditar, centrarme, cosa que no estaría, ¿que esperaban? solo tenia 19 años, tampoco es que fuera una edad de mucha madurez, aunque les haría un favor a muchos.

Al oir unos pasos acercarse a mi celda, por medio del don inconsciente que tenía, me puse a la defensiva, pero sin saber de quien se trataba, sabia cierto que no eran los dos grandullones que me habían traído aquí, por el hecho de que sus pasos no eran oscos y con ese andar bruto que tenían, era un caminar más femenino, como con más suavidad, era ella, seguro o esperaba que lo fuese.

Cuando entró me dijo aquello y me nombró como "Aaron", debía admitir que el hecho de que me llamase así solo aumentaba mi confusión, en ningún momento había hablado, solo la escuchaba pero sin demasiado entusiasmo, como un sermon, de hecho incluso desvié su mirada de ella, solo terminó, vi que no me habia dado libertad ni me habia dejado marchar, es más, habia cerrado la celda y ella mantenía la llave en su mano.

-Curiosa manera de dejarme marchar-dije mirandola, entre una mezcla de desafío y cansancio, cooperar, curioso verbo, habia cooperado cuando estuvimos en el Oasis, a mi manera, pero ella lo habia estropeado todo, ¿no hubiera sido más facil dejar de pelear sin llegar a llamar a nadie? eso era lo que más me molestaba, el hecho de que hubiese llamado a los otros, me levanté de la roca y me quedé mirandola, acercandome a ella y le susurré al oido.

-Gracias a vos estoy aquí...¿y quereis que coopere? ¿para que? ¿para que a la mínima que haga algo que creo que esta bien llameis a los otros?-dije con un claro resentimiento hacia ella, y cuando me separé un poco, nuestros labios estaban tan cerca que por pura tentación la besé, si deseaba no verme, antes de irme, la besaría y así lo hice, le robé un beso...un beso dulce, apasionado y con cierto cariño, pasé mis manos por su cintura acercandola a mí, aquello aun la enojaría más, pero era de lo poco de lo que no me arrepentiría, además, siempre podía decir, que es la manera de despedirse en mi reino, sonreí travieso mientras la besaba.

Poco después me separé un poco y la miré
-Ahora quizas cooperaré-dije con una clara evidencia de que mentía, pero lo habia dicho aposta, no iba a dejar de venir porque ella lo hubiese dicho, podia sonar egoista, pero era la pura verdad, ademas, conocerla más tampoco me haria tanto daño, era curiosidad o eso me hacia creer.
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Pyrena
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Sáb Feb 05, 2011 5:38 pm

-Ya lo dije, debo asegurarme de que no causéis ningún alboroto ahí fuera. –rectificó ella, a quien no le asustaba su actitud si eso era lo que él estaba buscando. No, no estaba buscando eso, sólo estaba molesto. No le sorprendía, ella en su lugar se habría sentido de igual forma y quizás hasta comportado peor. A fin de cuentas ambos no eran tan diferentes; ambos eran igual de obstinados.

Al oírle hablar podía palpar el resentimiento en su voz y eso no podía hacerle menos que provocarle una sonrisa burlona, en parte divertida. Su forma de actuar le divertía, se había ganado el resentimiento y demás de muchas personas anteriormente, pero aquél le agradaba particularmente. Quizás sería porque en tan poco tiempo ya se había convertido en un enemigo, un buen obstáculo que se metía en su camino cuando menos se lo esperaba y le inducía a cometer errores más y más tontos. Realmente sería una pena no volverle a ver por Kish, era un obstáculo de lo más entretenido… pero a juzgar por lo que había visto de su persona, lo más probable sería que volviera a aparecerse, aprovechando que nadie salvo ella –o eso le gustaría creer- conocería su verdadero nombre allá en Kish… suponiendo que fuera su verdadero nombre, claro. A lo mejor no lo era, ¿por qué habría sido sincero con ella? Tenía muchas preguntas al respecto y las respuestas escaseaban.

-Tenéis creencias muy erradas, entonces. –le respondió ella también desafiante y con sarcasmo mientras él se le acercaba. Era curioso que se comportara así, ¿acaso deseaba amedrentarla un poco? No lo conseguiría, por supuesto que no. En ello pensaba ella hasta que sintió como de pronto sus labios estaban siendo besados por el mismo muchacho que parecía odiarle hacía unos segundos. La sorpresa era demasiada, era un beso inesperado pero agradable, un beso robado y bastante más amable que la mayoría que había recibido a lo largo de su vida. Para empezar, Reivan no apestaba a alcohol.

¿Estaba molesta? Pues sí, desde luego, en especial cuando sintió cómo con sus manos le tomaba por la cintura y la acercaba hacia sí. Pero… ¿Estaba feliz, quizás? Si se lo preguntaran diría que no, pero lo cierto era que la sorpresa había sido de su agrado y por unos segundos fue hasta capaz de devolver aquel beso, de manera insegura al principio pero ya con cierto ímpetu al final. Muy en el fondo lo había estado deseando, no podía engañar a su subconsciente. Sin embargo, al separarse ya tenía su expresión molesta de siempre, decorada con algo de rubor por aquí y por allá, pero nada en especial. ¡La llave, la llave!, luego su mente le gritó eso, como para hacerla entrar en razón. Había depositado sus manos sobre el pecho de Reivan, con la intención de alejarlo –algo que finalmente no había echo- y allí en su puño tenía aferrada la pequeña llave, con los nudillos casi blancos.

-Cla-claro que cooperareis. –aseguró ella con un tono severo pero algo nervioso, intentando recuperar la compostura y la dignidad que ella creía perdida. Apartó las manos del joven de su cuerpo de inmediato aunque una personita desde lo más recóndito de su mente le rogaba que no lo hiciera y se dirigió hacia la roca que servía como asiento, asiéndole un ademán con la mano de que siguiera su ejemplo, aunque deseando a la vez que no lo hiciese para no… caer en las tentaciones, habría dicho ella. Se cruzó de brazos, empuñando fuertemente la pequeña llave.

-Nadie puede oírnos, así que quisiera haceros algunas preguntas y quisiera las respuestas. –repuso, intentando continuar con su plan inicial, el plan que tenía desde antes de entrar en aquella celda y compartir algo más que el aire viciado con Reivan. Porque a fin de cuentas no había ocurrido nada, eso era lo que ella se repetía. Por supuesto que ella no se sentía afectada, ni mucho menos interesada en repetir el momento anterior. Aquellos labios, aquel cuerpo ligeramente frío… -¿Cuál es tu verdadero nombre? ¿Es Reivan? –cuestionó con desconfianza, en voz baja como si aun dudara de que alguien fuera a oírlos. Por supuesto, nadie lo haría. Comenzó a repetirse aquello con algo más de insistencia, mientras volvía a recordar el beso de hacía momentos. Aquello había estado mal, no podía permitirse pensar en eso.












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Reivan
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Lun Feb 07, 2011 1:03 pm

Di un bufido molesto, la escuchaba pero aun me molestaba más lo que decia ¿asi que era yo el que erraba? podía ser ella, admitia que habia jugado con fuego, pero tampoco era como para encerrarme allí, me levanté y la miré, estaba enfadado con ella, habia sacado de contexto todo, sin siquiera decir nada, habia cambiado mi vida y encima me exigia explicaciones.

-Erradas o no las creencias, no dejan de ser mías, Pyrena-dije mirandola , pensaba que el beso la haria callar, incluso le gustaria, pero cuando me separé vi su expresión molesta, aquello más bien me agrado lo mínimo, incluso las de Kish eran tan dificiles de manejar como las Nínive, uu eso sonó mal, pero si habia algo que no entendia eran las mujeres y pese a que ella me hacia sentir diferente (a ratos), otros ratos tenia ganas de hacer cosas malvadas con ella.

Ella habia depositado sus manos en mi pecho para separarse de mí, algo que hice, pese a que no quería, incluso no me hubiese molestado estar ahi indefinidamente ( o hasta que tuviese mucha hambre) cogido a ella, cuando me aparté de ella , me dirigi a las rejas, apoyandome en ellas, y poco despues escuché lo que dijo, de si la habia engañado y de las preguntas, aquellas a las que NO respondería.

-Me llamo Reivan, como le dije-dije simplemente, mis manos se apoyaban en las frias rejas, aquella sensacion fría me gustaba, de hecho Kish no era el reino que más me gustaba, sobretodo por esos grados tan altos de cero, demasiada calor para mi gusto, pero era el reino que más visitaba y ello era claramente contradictorio, cualquiera pensaría así.

En cambio, pese a que su reaccion no le habia gustado, tampoco es que esperase mucho más de ella, cuando se sentó en la roca, vi las llaves, me acerqué a ella de frente y sonriendo, asi que acercando de nuevo mis labios a ella y aprovechando el momento de confusion que ello habia provocado en Pyrena, le cogí las llaves, cuando las tuve en mano, me alejé de ella sin besarla, sonriendo con maldad y me dirigi a la puerta para salir de allí, aunque estaba buscando la llave.

-No querreis saber quien soy, tampoco os serviría de mucho ¿no creeis? si no voy avolver ¿de que os sirve?-dije mientras probaba con las llaves, dandole la espalda, estaba claro que si le contaba quien era, sonaría extraño , me delataría y aquello traeria consecuencias a Nínive, Umma y...dudo que fuese para bien, aunque sonaba ilogico, un Umma en la realeza Níniveana, negué y por mucho que preguntase me haría el sordo, almenos la habia tentado al beso de nuevo y me habia ido, aunque gustosamente hubiese repetido.
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Pyrena
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Lun Feb 07, 2011 9:27 pm

Así que ese era su verdadero nombre, se repitió Pyrena. No le parecía un nombre demasiado común ni le sonaba demasiado, por lo que le sorprendió un poco. Un nombre tan extraño era perfecto para alguien tan extraño como él, si lo pensaba. La sorpresa en parte se debía a que Reivan había sido sincero con ella respecto a su nombre, lo cual le parecía tan tonto como el hecho de haberle revelado ella su nombre anteriormente. Porque sí, no era otra cosa que estupidez, se volvía a repetir. Al parecer tenían varios errores en común.

Por un momento imaginó haciéndole más preguntas al sujeto que ahora descansaba junto a las rejas. Por un segundo imaginó que podría tratarse de alguien de suma importancia para el reino de Umma, y que así era y él quedaba libre, estaría perdiendo una gran oportunidad de cobrar mayor importancia como guerrera. La idea de “venderlo”, por así decirlo, le habría parecido tentadora. Sin embargo, su actitud le daba a entender que no estaba dispuesto a responder más preguntas por su parte, y aun menos algunas tan reveladoras como aquella. Pyrena negó inconcientemente con la cabeza, aun sentada en la roca, ¿qué estaba pensando? Reivan no podía ser nadie tan importante, todo lo contrario, probablemente solo te trataría del hijo mimado de algunos campesinos con una fijación extraña con los nombres igualmente extraños, que no buscaba mas que sobresalir. O eso era lo que ella imaginaba. Ella no iba a vender a nadie, pues no había nada –nadie- a quien vender. Además… Sí, había un “además” aparte.

Notó como él se acercaba y tontamente imaginó que lo hacía para mantener ahora una charla importante, con información valiosa de por medio y quizás hasta algo de sinceridad. A Pyrena le interesaba obtener información de él, pero lo que no sabía tan claramente era que le interesaba obtener lo que fuera de él, unas mentiras, un gesto, su desprecio, todo aquello era válido, vergonzosamente válido. Su subconsciente se encargó la misión de esconder aquellos últimos intereses.

Confusión. Pyrena parpadeó sorprendida al notar que ya no tenía la llave en su mano, ya que en efecto él se la había quitado. Aquello había sido un juego sucio, se repitió ella con rabia mientras veía cómo él sonreía con algo de malicia y luego se disponía a intentar abrir la celda, sin darse demasiadas prisas tampoco. Ella había creído que la besaría al ver la cercanía de su rostro y por primera vez ella habría estado dispuesta a aceptarle el beso de buen grado, mas aquello nunca pasó. Había alimentado el infantil pensamiento de que a pesar de ser un don nadie de Umma en cierta forma era un hombre agradable –alguien que no apestaba a alcohol, además- que besaba de una forma por demás agradable, quizás hasta un caballero… pues bien Pyri, como de costumbre te has equivocado. Finalmente aquello no había sido más que una artimaña cualquiera de un sujeto cualquiera, que tenía el valor para hacer ese tipo de juegos con ella. ¿Quién había creído que era ella? ¿Una niñata así de maleable? Arrugó el entrecejo mientras se ponía de pie, segura de lo que haría. Aquello no era un conflicto emocional ni jamás iba a serlo, sólo era un hombre retenido y una guerrera orgullosa que no le dejaba marcharse y debía de poner fin a eso.

La guerrera orgullosa optó por seguir con el mismo truco sucio que el hombre retenido, solo que con unas pequeñas modificaciones. De alguna manera se las ingenió para pasar uno de sus brazos tras el cuello de Reivan y así lograr que se diera la vuelta, para con una mano arrebatarle las llaves y besándole sorpresivamente en los labios de manera brusca. Aquel beso no se parecía en nada al anterior, era un beso violento y autoritario, desesperado y agresivo, mas no forzado. Pyrena se dijo a sí misma que sólo era una distracción, pero aun así decidió permitirse prolongarlo por unos segundos más, aun cuando ya era seguro que las llaves estaban en su poder. Pasado el momento, se desprendió como si nada de su cuello, con una expresión seria y serena. No había atisbos de burla en su expresión ni los habría.

-Sois un inútil. –se limitó a decir mientras rebuscaba entre las llaves, cogiendo la correcta y abriendo la puerta de la celda para luego salir y ponerse a un lado, a la espera de que Reivan siguiese su ejemplo y pudiera cerrarla de una vez por todas. Deseaba que se fuera, los momentos discutiendo y demás con él le habían enseñado a interpretarlo en algunos aspectos y podía adivinar cuando no estaba dispuesto a decir más. No obtendría información de él, ni nada más. –Y por desgracia por aquí se ven muchos. –se limitó a decir como respuesta. También podría adivinar que él volvería.
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Mar Feb 08, 2011 12:01 pm

No encontraba la llave, todas eran parecidas, llaves de bastante gran tamaño pero aun así lo suficientemente portatiles como para no llamar demasiado la atención, y si, las habia conseguido y sin tener que llegar a hacer nada ¿juego sucio? no, más bien juego simplemente, si la hubiese besado talvez si, pero tampoco es que me pasara el día besando chicas de reinos diferentes, por fin solo quedaba la ultima llave para probar, pero como era de esperar, ella me hizo girar, en principio solo pensaba que para quitarme las llaves y seguir haciendome el interrogatorio al que no iba a cooperar, me gustaba ir con la verdad por la cara o almenos disimulandola de manera que no dijese una mentira, pero que tampoco dijese una suma verdad, cosa a la que estaba acostumbrado dada mi experiencia en los exteriores de Nínive, aunque aveces, debia admitir, me gustaba inventarme historias pero a la vez me parecía tan infantil que solia improvisar aunque con cierta base en todas, ese era el kit de la cuestion, mantener una misma base y moldearla segun la persona con la que estaba.

Ella...ella me besó, un beso salvaje y el cual me pilló por sorpresa, no entendí muy bien porque lo hizo, pero lo correspondí de igual manera, esa chica podía sacar lo mejor de mí aunque siempre empezabamos con lo peor, pero ello tambien parecía ser la base de nuestra relacion, el hecho de discutir, por ello quizas me sorprendió tanto ese beso, caminé un poco hacia atras, disfrutandolo lo máximo que pude, dudaba que esto se volviese a repetir, aunque siempre podía haber un beso robado o desprevenido, ya sabia su reaccion, dudaba que me negase otra vez el beso, aunque no lo admitiese la guerrera, creo que hasta la atraía, cosa que a mi parecer, no estaba tan mal, dado que...era preferible no sacar los sentimientos a la mente, mi objetivo era salir y volver, aun me dolía el estomago de no haber comido.

Cuando se separó, me fijé en su cuello, el cual pese a que el pañuelo aun estaba un poco mojado, se podía entrever la causa de que se lo pusiera, mi anterior visita, aquel volcán y nuestros orgullos enfrentados, y la perdida del unico caballo que habia tenido, mi mente divagaba por aquel día, cuando ella abrió la puerta y salió esperandome, la miré extrañado ¿tenía trampa? aun así salí con todo paso firme y seguro que pude, estaba hartandome de que me tratase como a un inutil, entonces volvió a hablar y dijo justo lo que no quería oir, de las miradas matar, la hubiese asesinado allí mismo, ella no me conocía y me decía algo que me molestaba de sobremanera, entonces cuando estuve a su lado le dije.

-Soy un inutil al que besais...entonces ¿vos que sois? ¿la amante del inutil?-dije con toda frivolidad, pero algo habia fallado, el hecho de que me hubiese besado, era una especie de campanillero en un viejo templo, por eso no me salió tan distante como hubiese querido, al parecer mi cuerpo habia decidido no seguir lo que deseaba hacer, estaba en su propia revvolución, más ello no me servía de impedimento para volverla a besar, aunque no fué un beso largo, más bien corto, de despedida, solo me separé un poco, aparté mis labios de los suyos, esos labios, ese rostro, ese cuerpo que tentaba al pecado, por suerte no era muy religioso por no decir nada, creo que Isthar le rebelaba demasiada informacion a Ariadne y en cierta manera de existir esa diosa dudo que fuera recibida con los brazos abiertos, almenos por mi parte, pero ella, Pyrena, era el claro orgullo, fortaleza entremezclada por una suave y agradable debilidad, al igual que al parecer ella era mi debilidad, porque ¿para que venir a Kish sino? aquí no tenía nada, aunque durante todo el viaje hacia aquí tenía un especial interés en ver a los guerreros, en femenino porsupuesto.

Mis labios se acercaron a su oreja y sonriendo como la otra vez, le dije con firmeza pero sin evitar intentar el hecho de que sintiese deseos de volverme a besar; tentación, pecar, diversion y maldad, todas ellas juntas podían causar una guerra si asi se quisiese, pero almenos los reyes aunque con sus cosas, preferían abstenerse, pero el ambiente tenso se leía entre líneas de reino a reino, de hecho si no fuera porque habia una especie de algo extraño entre nosotros, veía pasar los días en esas rejas, algo por lo que no estaba dispuesto, el hecho de que me acercara a su oreja, era solo con la intencion de decirle.

-Se que no me olvidareis...quiza por ello, deberíais seguir los vientos, ellos siempre guían a humildes viajeros-dije en un susurro, en realidad era un mensaje en clave, suponia que sería lo suficientemente inteligente para ver la importancia de dicha frase, la importancia de cierta parte de la frase, le acababa de revelar mi procedencia, pero de una manera, claramente disimulada ¿y era un inutil? bueno, si no se piensa que le he rebelado eso si, pero me referia al modo de emplearla, no sabia si estaba dispuesto a volver, almenos en una temporada, aunque me muriese de ganas, por ello, una parte de mí deseaba que supiese a que me refería, aunque la primera parte de la frase fué demasiado para mi gusto, nunca habia sido un egocentrico, de hecho me caian mal, pero era el unico modo de decirselo pero sin decirselo.

Luego simplemente me alejé de ella, miré el sol que al parecer iba a anochecer de nuevo, confiaba en que aun estuvieran mis cosas en el Oasis, de no ser asi me "moriría" de hambre, pero mi orgullo me impedía pedirle si tenia algo de comer cerca, suspiré con cierta pesadez y me giré a ella de nuevo, esta vez con una sonrisa sincera.

-Gracias-murmuré, refiriendome a que me ayudase, mi orgullo no sobrepasaba el umbral de la gratitud y sabia admitir cuando debia y no, aunque en cierta manera estaba dandome la espalda a mi mismo, pero sabia que lo hacia bien, luego simplemente me encaminé por la arena para salir de ese lugar, aun me quedaba un largo camino antes de llegar a Nínive, aunque en cierta manera deseaba que ella me parase, me diese una razon para quedarme, eso nunca pasaba, por ello desheché tal idea, ella...seguramente...no debia pensar en nada de ello, era mejor ser un ignorante en cuanto a su vida, siempre era lo mejor.
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Pyrena
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MensajeTema: Re: Kaappaus [Reivan]   Mar Feb 08, 2011 5:30 pm

Pyrena observó con cierta burla cómo parecía pensárselo dos veces antes de salir de la celda, analizando si acaso habría alguna especie de trampa esperándole tras las rejas. No había ninguna, por supuesto, y se regodeó en su desconfianza mientras que llevaba distraídamente una de sus manos a su cuello, mas exactamente al pañuelo. Había notado su mirada, disimulada pero al fin y al cabo una mirada, y nuevamente había vuelto a sentirse incómoda. Como si no fuera suficiente con tener que lidiar con esa cicatriz todos los días, él se lo recordaba y hasta –según ella, claro- se lo echaba en cara. En momentos así, ni siquiera la idea de haberle causado a él una herida aun mas evidente le contentaba.

¿La amante? Aquello le dejó un tanto pensativa por algunos segundos. Las palabras no habían sido mas que provocaciones y burlas, pero muy a su pesar tenían algo de cierto. ¿Acaso ella se estaba convirtiendo en su amante? No lo creía, no podía creerlo. Solo habían intercambiado un par de besos, eso era todo… ¿verdad? Le habían agradado, por supuesto, pero ¿acaso eso no era lo natural? El primer beso muy a su pesar le había agradado más que molestado, había sido un beso delicado y quizás hasta dulce, uno digno de recordar. En cuanto al segundo, este había sido por pura necesidad… para conseguir las llaves, por supuesto. Había sido necesario, era la manera mas simple de conseguir lo que se proponía y ya. Sin embargo, no podía olvidarse de lo agradable que había sido que su beso sorpresivo hubiera sido correspondido casi sin resistencia alguna. Se repitió a sí misma que aquello se debía a que Reivan no era mas que un hombre y como tal siempre daría por bienvenido cualquier acción de ese tipo; no podía ser otra cosa.

Iba a responderle con alguna frase igual de burlona, algo que acabaría por molestar aun mas a ambos, pero de pronto se encontró con que tenía un pequeño obstáculo para hablar, y aquel obstáculo respondía al nombre de “Reivan”. De nuevo tenía sus labios contra los suyos, solo que aquel fue un beso muy débil, algo mas similar a una despedida. Le había tomado nuevamente por sorpresa y finalmente no pudo hacer más que contemplar su rostro en silencio, con una expresión algo difícil de interpretar. Observó todo en silencio: sus ojos, sus labios, su cabello, su expresión, su cicatriz… todo cuanto pudo.

-Sería más correcto decir que vos sois el amante de la…ummm…bruja. –murmuró con su tono algo despectivo mientras él le susurraba al oído, una manera de distraerse, de no volver a pensar en él y no volver a caer en el error de acercarse y besarlo otra vez, debía borrarle de su mente. En su rostro se pintó algo similar a una sonrisa al oírle hablar, en parte por sus palabras y en parte por tal cercanía.

¿Acaso no era un tanto prepotente de su parte asegurar aquello?, pensó. Sin embargo no se le escapaba que aquello no era la parte más importante del mensaje. La referencia a los vientos, a Nínive, le sorprendió y le hizo preguntarse si acaso no sería más que una broma, otra mentira descarada. ¿Porqué alguien que claramente debía pertenecer a Umma podía estar en Nínive? Pues en realidad se le ocurrían bastantes razones, y poco a poco pudo dejar de dudar de él. Eso no significaba que haría aquel viaje, ¿por qué habría de hacerlo? No tenía sentido alguno, a no ser que fuese a por información o una misión o lo que fuera… y sin embargo de pronto una parte de ella quería hacerlo. No, no lo quería, estaba decidida. Pyrena maldijo aquella parte de sí misma mientras veía como Reivan se alejaba y a su vez otra parte de sí maldecía al joven por marcharse.

-Sólo no os metáis en problemas. –respondió vagamente, algo turbada por recibir las gracias de él, algo por demás inesperado. En efecto, no quería que él se metiese en más problemas, pero le parecía que su petición sería algo bastante difícil de cumplir. Ella había sido la mayor fuente de sus problemas, sí, pero ella sabía también que él era muy capaz de meterse en líos por sí mismo, de ello no habría ninguna duda. Giró sobre sí en dirección contraria a Reivan y echó a andar con su porte algo altivo. Pyrena tenía cosas que hacer.
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Kaappaus [Reivan]
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