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 En companía del Poder {Lady Ofelia}

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Zarek
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MensajeTema: En companía del Poder {Lady Ofelia}   Vie Feb 11, 2011 5:44 am

En el Templo de Baal el silencio parecía haberse apoderado de todo el lugar, un silencio aparentemente perpetuo. Sin embargo nada tenía porqué ser lo que aparentaba y pronto se pudieron oír unos suaves pero decididos pasos por los corredores, característicos de alguien que se dirige a un lugar determinado con un propósito en igual condiciones. Quizás Zarek no fuera la persona más indicada para hablar de sus propios propósitos, pero sí se dirigía a un lugar en concreto y tenía muchas cosas por hacer, como era habitual en él.

El golpetear de sus sandalias contra el suelo resonaba con ruidos secos, pero aparte de aquello el niño no emitía ningún sonido adicional. El día para Zarek había comenzado ya varias horas atrás. Nuevamente conciliar el sueño se había vuelto una ardua tarea para él y nuevamente no había podido obtener ningún tipo de información de su Dios. Rendido, al momento del amanecer se había dispuesto a asearse y luego pasar a desayunar en compañía de un par de sacerdotes más; el templo solía ser un lugar solitario y la compañía sacerdotal no abundaba para nada. Él no había participado especialmente en ninguna de las charlas, en su mayoría sin importancia: algunos lo atribuirían a su cansancio y otros tantos simplemente lo dejarían pasar, las conductas de Zarek eran conocidas y bien recibidas en ese aspecto.

Había pasado las siguientes horas rezándole a una estatua gigante que representaba a Baal, en apariencia un simple hombre montado en un caballo. Zarek no estaba de acuerdo con aquella representación tan simple –Baal era poder- pero no se le habría ocurrido una más entendible y mucho menos una tan aceptada: otorgarle una forma humana sencillamente era más simple. Rezó a Baal en busca de consejo y ayuda, pero no recibió resultados inmediatos, como era la costumbre divina. Jamás había logrado comunicarse directamente con su Dios en un estado plenamente conciente y dudaba que aquello cambiase ese día.

Ese día. Aquel día era uno del todo común, por más monótono que lo hubiera comenzado. Aquel día el templo recibiría la visita de Su Majestad, Lady Ofelia y a sabiendas de su buena relación con ella se le había encomendado al joven sacerdote ser quien la recibiera en su llegada, quien le acompañara por los recintos e hiciera lo que hiciera falta. A Zarek no le seducía especialmente la idea de servir de marioneta para aquellos a quienes consideraba sus iguales –por no decir sus inferiores- y tener que acatar sus órdenes, pero la situación tenía un gran giro cuando se trataba de Su Majestad, que al fin y al cabo despertaba un genuino interés en él.

Su relación con Lady Ofelia no era tan excelente como algunos se atrevían a describir, pero ciertamente no había nada de malo en ella. En múltiples ocasiones se habían encontrado, congeniado y con el tiempo hasta habían depositado algo de confianza en el otro. Confianza. Zarek no confiaba en ningún humano realmente, pero si había alguien en quien debía confiar esa persona no podía ser otra que ella. Igualmente, no era alguien a quien se pudiera engañar: Zarek era plenamente conciente de que Lady Ofelia también tenía sus reparos a la hora de depositar confianza en alguien, y que a su vez esta distaba de ser tan genuina como la suya propia. Así era, él tampoco podía confiar plenamente ni siquiera en Su Majestad, pero a su vez conocía ciertos aspectos ocultos de ella y sabía interpretarla, sabía observarla. Con eso era más que suficiente.

Sin ninguna expresión particular descendió por la escalinata, arrastrando una curiosa túnica tras de sí teñida de verde y blanco, que parecía flotar a su alrededor mientras caminaba. Debajo llevaba ropajes sencillos que no eran de gran ayuda para protegerlo contra el frío de la mañana, pero que de todas maneras no eran ningún estorbo. El frío le agradaba. Se detuvo al pie de la escalinata, a la espera de que el ruido de los cascos que comenzaba a oír se volviera más y más perceptible y diera como resultado la llegada de Su Reina. Dirigió una mirada a los árboles a su alrededor mientras tanto; aquel paisaje verde parecía nunca cambiar.

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Lady Ofelia
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MensajeTema: Re: En companía del Poder {Lady Ofelia}   Sáb Feb 12, 2011 3:21 am

Tenia en mi agenda del día la visita al Templo de Baal, una de mis visitas para evaluar la situación estructural y si se llevaban a cabo las normas como nuestro Dios Baal disponía.
Tal vez me catalogaban como una regente intrínseca pero era mi naturaleza, la que mi Dios me había otorgado. Desde que tenía uso de razón he orado a Baal por guía y consuelo en momentos difíciles. Solo él era mi sustento a los tormentos que mi alma atravesaba. Mi modelo a seguir, su sabiduría, fuerza y magnificencia eran de idolatrar y temer.

De camino hacia el Templo, mire afuera por la ventana del carruaje. Si esta vez no iba montando a mi caballo dado que podría ser peligroso el camino hacia allí.
Cada vez menos tiempo quedaba para las formales visitas, dos veces al mes debía realizar este viaje. No me desagradaba ir aunque el viaje era algo agotador.
Pero las prontas amenazas hacia el reino habían aumentado considerablemente, dejándome con decisiones a tomar y medidas que accionar. Este seria un momento de Paz para mí, en la casa de Baal, quien alejaría las dudas y preocupaciones. Dándome las respuestas que buscaba.

Ya se acercaba el carruaje al templo, podía verle ya. Algunos de mis escoltas se adelantaron solo unos metros guiando el camino que he conocido desde temprana edad.
Era una mañana fría, el sol no alcanzaba a calentar aun. El bosque se abría para dar vista al Templo de Baal. Ya habíamos llegado.
El carruaje se detuvo en frente de las escalinatas donde con postura solemne y honra se encontraba un Sacerdote de Baal, no cualquier Sacerdote. Ya le conocía, habíamos hablado algunas veces.
Mis labios formaron una pequeña sonrisa, el me hacia sentir en paz como Baal. Tal ves él fue quien le puso en este camino para que nos pudiésemos encontrar.

Baje al abrirse la portezuela del carruaje y una mano me ayudo a bajar del mismo, mis escoltas así como mis damas de compañía ya estaban formándose detrás de mi a medida que avanzaba hacia Zarek. Si claro que recordaba su nombre, talvez era el mas joven del Templo pero su sabiduría e innata suspicacia como inteligencia le hacían el elegido por Baal para formar parte de su familia.

- Saludos Zarek, Sacerdote del Templo de Baal. – pronuncie con voz amable y pura haciendo a su vez una pequeña reverencia en forma de respeto por su posición. Sin dejar de mirarle, nunca dejaba fuera de vista a nadie.


Off Rol: Perdón por el Post Pequeño.

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Zarek
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MensajeTema: Re: En companía del Poder {Lady Ofelia}   Sáb Feb 12, 2011 4:10 am

Tal como había esperado pronto el ruido de los cascos se volvió más fuerte, trayendo consigo un carruaje que atravesaba un sendero, seguido de cerca por un par de escoltas por aquí y por allá. Zarek desvió la vista de los árboles que tanto le habían distraído y se concentró en el vehículo algo ostentoso que se acercaba; no había duda alguna de quién acababa de llegar. Su postura y expresión no cambiaron notablemente mientras observaba como los caballos se detenían y con ellos el resto del carro. El conductor había dejado su puesto con aire apresurado para dirigirse hacia la portezuela, abrirla y finalmente ofrecer una mano que buscaba ser gentil a Su Reina. Los caballos le habían llamado la atención ya que sentía gran simpatía por los animales, pero aun así los ignoró concentrándose en Lady Ofelia, que se acercaba hacia las escalinatas con paso tranquilo, hasta detenerse frente a él.

-Saludos Lady Ofelia, Su Majestad. –correspondió el niño en tono cortes aunque monocorde, devolviéndole una reverencia algo mas pronunciada. No necesitaba mirarle a los ojos para saber que estaba muy pendiente de todos sus movimientos y su comportamiento, por lo que decidió observarla con educación y naturalidad. No prestó demasiada atención al vestido y las joyas de Su Majestad ni a la pompa de su séquito de acompañantes. Para ser sincero aborrecía todo ese tipo de cosas, pero de él no iba a salir ni una palabra al respecto. Aquello podría herir los sentimientos de Lady Ofelia, pensó con ironía.

-El templo se ha embellecido con vuestra llegada. –comentó en un tono demasiado serio como para hacer un cumplido, aunque por dentro el niño sentía algo de pena y otro tanto de diversión. Los sacerdotes le habían pedido explícitamente que le hiciera algún tipo de cumplido a la reina cuando tuviera oportunidad, prácticamente había sido una orden, y pese a que Zarek no solía elogiar descaradamente la belleza de nadie, no tuvo más remedio que cumplir lo mejor que pudo. No pudo evitar sentir algo de pena por los sacerdotes tan crédulos; Su Majestad era una mujer –y muy hermosa, por cierto- pero en nada influirían los cumplidos en su opinión y trato para con el templo. En el mejor de los casos, le causaría gracia.

Zarek dirigió una rápida mirada a los súbditos de Lady Ofelia, quienes parecían estar atentos a Su Reina por si acaso ella les ordenaba algo. No pudo evitar fruncir levemente el entrecejo, un movimiento apenas perceptible pero un movimiento al fin y al cabo. Parecían querer guardar silencio, hasta se podría decir que se esforzaban por mantener los animales tranquilos y no cotillear entre ellos, pero de cualquier forma estaban perturbando la paz de su templo y con ello la paz de Baal. El gesto se profundizó levemente mientras el niño observaba al conductor del carruaje por un par de segundos. Definitivamente demasiadas personas; estaba seguro de que a Baal no le importaría que aquellas personas no ingresaran a contemplar sus mil y un estatuas.

-¿Comenzamos con el recorrido, Majestad? –preguntó a la mujer, volviendo a fijar su atención en ella, igual de pendiente en sus reacciones. El templo, a pesar de no albergar a muchas personas, no era un lugar pequeño y probablemente Lady Ofelia pasaría gran parte de su día allí. No iba a retrasar a Su Reina.
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Lady Ofelia
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MensajeTema: Re: En companía del Poder {Lady Ofelia}   Dom Feb 13, 2011 5:30 am

Contemplando aún al Sacerdote cuando este fijo por solo unos segundos su mirada a mi comitiva y por ultimo en mi cochero, el fruncimiento de su ceja le delato y me indico que no estaba cómodo con la multitud que entraría al Templo.

Sin dar la vuelta pronuncie en vos de comando firme - Quedaros todos ustedes aquí, descansad e ingerir algún refrigerio. El Sacerdote de Baal es todo lo que necesito dentro del Templo. - todos acatarían mis ordenes, conocían los procedimientos y estaban al tanto de los pequeños y grandes cambios a los que los atenía constantemente. No estarían contentos mis escoltas personales pero sabia que no habría ningún percance, no aquí.

Inclinando mi cabeza indique a Zarek que podía proseguir, si comenzábamos cuanto antes, podría revisar libros y hablar detenidamente con él sobre como su estancia estaba yendo.
Este joven Sacerdote siempre fue de curiosidad para mi, a su corta edad tenia la madures y entendimiento de un adulto. Podía llevar una conversación amena y factible. Talvez por esa razón era el quien me recibía y no el Alto Sacerdote del Templo de baal. Que por cierto su persona no tenía mi gracia.

Zarek seria el Alto Sacerdote algún día, era innato en su devoción y honra a nuestro Dios, fiel y sincero. Esperaba que por el bien del Templo no cambiare de rumbo.
Inalterable deseaba que quedara, ya se vería con el tiempo si el Jovencito llegaría a cumplir lo que prometía desbordantemente.

Al entrar con la guía del Sacerdote pude captar la perceptible paz y el anuente ambiente que evocaba a hogar. Baal hacia llegar a mi de esta forma su estado complacido.
Desde que tengo uso de razón he llevado las creencias de Baal en mi cotidiano accionar.

En estado pensativo parecía estar mi guía, gire la cabeza y le mire de lleno. Podía ver su rostro aun aniñado y sus perceptibles cambios. Dentro de poco dejaría la niñez para comenzar la adolescencia y de allí se convertiría en hombre, en uno admirable sin duda.
- Zarek debo admitir que estoy ansiosa porque me muestre las recientes reformas que he dispuesto. - solo los Sacerdotes del templo y yo sabíamos de que se trataban estas reformas. "Abertura de escape" así le llamaba al pasadillo secreto para los de exteriores.

A sabiendas de algún posible ataque enemigo, debía de cuidar a mis preciados Sacerdotes. No permitiría que les pasara algo, así que decidí de construirles una salida de escape. Sus vidas debían de ser preservadas por el bien de Baal y nuestras almas. Seguimos caminando por el Hall de entrada.



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Zarek
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MensajeTema: Re: En companía del Poder {Lady Ofelia}   Dom Feb 13, 2011 6:43 am

Para agrado del joven sacerdote Su Majestad pronto ordenó a sus súbditos, en líneas generales, que se mantuvieran allí fuera del templo. Zarek se sintió satisfecho aunque no dio señales de ello; no habría esperado menos de Lady Ofelia, siempre tan perceptiva y pendiente de cada detalle. Los sirvientes por su parte no parecían estar tan satisfechos, él sabía que a más de uno debía hervir de deseo por echar un vistazo a todo el templo, pero también sabía que a ninguno se le habría ocurrido desobedecer una orden de la reina. Zarek captó el gesto de Su Majestad y comenzó a andar por las escalinatas.

Sin prisas, más sin retrasos innecesarios, pronto el extraño dueto atravesó el enorme portón de la entrada al templo, que se abrió de par en par. Una vez allí, el cambio era evidente: por mas que en el exterior las personas se mantuvieran en silencio, esa tranquilidad –si es que había alguna ahí fuera- no era comparable con la que se podía notar dentro del templo. Allí dentro, en cambio, la temperatura era similar a la del exterior y el frío reinaba. A Zarek aquello no le importaba, el frío era agradable y para las reliquias del templo la temperatura no era un factor importante.

Nuevamente fue conciente de que los ojos de Lady Ofelia estaban fijos en él y le devolvió la mirada un tanto más discreta. Lady Ofelia era una mujer admirable para él, con sus fortalezas y sus fantasmas del pasado. Pero era una mujer. A Zarek no le pasaba por desapercibido el hecho de que tarde o temprano Su Majestad se vería obligada a conseguir un rey que le acompañara en el trono y así obtener sucesores decentes. ¿Qué pensaba él al respecto? Nadie le preguntaría su opinión y el tampoco estaría muy dispuesta a otorgársela a nadie pero lo cierto era que, pese a ser su “obligación”, Zarek se sentiría muy decepcionado si Lady Ofelia contrajera matrimonio con quien fuera, quizás hasta aunque se tratara del mismísimo Baal. Él confiaba en Su Majestad para dirigir el reino y su confianza no era nada fácil de conseguir. Un segundón en el trono… solo entorpecería los planes de Lady Ofelia y llevaría el reino a la ruina. Además, los nobles le parecían unas criaturas remilgadas, indignas y hasta algo brutas.

-Enseguida, Majestad. –fue su breve respuesta mientras comenzaba a guiarla por los corredores, en dirección a aquellas reformas de las que casi nadie parecía saber nada al respecto. Aquellas rutas de escape tan recientes habían sido una buena idea, cabía resaltar. Con lo visto que ocurriría, aquellos conflictos que acabarían en desastre, aquella era una buena idea para proteger la vida de los sacerdotes de Baal. ¿Su vida? Zarek iba a protegerla a toda costa; si Baal le daba aunque fuera una sola posibilidad para sobrevivir, significaba que no era su momento de morir. Y si moría… bueno, no iba exactamente a extrañar su antigua vida de sacerdote.

El pasadizo se encontraba tras unas de las tantas estatuas de Baal en el templo, una para nada particular, ideal para ocultar algo. La estatua tampoco estaba en un lugar demasiado visitado del templo, al final de un pasillo donde la iluminación dejaba algo que desear. Zarek se acercó a ella con tranquilidad y colocó sus dos manos sobre el puño cerrado de Baal. Lo haló hacia abajo y eso activó un mecanismo con muchos engranajes que Zarek no comprendía ni tenía intención de hacerlo, y pronto la estatua se movió hacia un lado, dejando a la vista un nuevo corredor con una iluminación aun más decadente.

-Aquí tiene uno de los mecanismos, Majestad. Contamos con dos más, a su vez, en las alas norte y este del templo. Por supuesto, no fue tarea fácil disponer todo. –explicó, quizás poniendo algo de énfasis en la última frase. Los artesanos y demás trabajadores que habían intervenido en la instalación de los pasadizos y los mecanismos de las estatuas habían echo sus trabajos de la manera mas profesional y discreta posible, él lo sabía y se lo repetía a sí mismo, pero aun así habían constituido una gran molestia para él. No para su dios, sino para él, y por primera vez en algún tiempo Zarek volvió a tener pensamientos egoístas. -Podemos movernos a las otras alas, si usted lo desea Majestad, pero los mecanismos son idénticos. -agregó.

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Lady Ofelia
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MensajeTema: Re: En companía del Poder {Lady Ofelia}   Lun Feb 21, 2011 8:48 pm

Al parecer el joven no quería perder tiempo en menesteres sin importancia, al menos para el. Estaba equivocada en ello, Zarek no era así, aun para su joven edad era mas centrado e inteligente que algunos adultos, inclusive de mi sequito en el exterior. Lo que daba a entender que quería hablar sobre otro tema.

- Muy entonces que sugiere, donde seguimos esta recorrido. -
Mire hacia el corredor contrario del que habíamos venido, trataba de recordar el camino y saber hacia donde íbamos si seguíamos por allí.
Zarek talvez sospechaba mi idea de poder pasar algún tiempo sin compromisos reales, que habían aumentado en este tiempo. Solo poder poner algunas ideas en mi mente en orden.
Me aleje de él solo un poco y espere su respuesta.

Sabía que debíamos seguir, ver el templo nos tomaría mucho tiempo del cual no disponía pero del que obtuve posponiendo ciertas reuniones.

Tenia en mi cabeza una idea que nació de la nada en ese momento, el de llevar a Zarek conmigo al castillo y ubicarlo en el consejo. Pero muchos problemas acarearían ese acto. Impensable y censurado ya pensamiento estaba. Debería de conformarme con este preciso momento para tener a alguien que amaba el reino y quería su bienestar tanto como yo, sin agenda oculta.
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Zarek
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MensajeTema: Re: En companía del Poder {Lady Ofelia}   Lun Feb 21, 2011 9:43 pm

El sacerdote esperó una respuesta de Su Majestad con los ojos fijos en ella, pendiente de cada una de sus órdenes, pero lo cierto era que se sorprendió un poco al oírle hablar y una pequeña parte de esta se hizo ver en su rostro, donde por menos de un segundo sus cejas se mantuvieron alzadas. Sin embargo pronto volvió a mostrarse impasible, aunque por dentro se sentía un tanto dudoso. ¿Acaso Lady Ofelia tenía más planes allí, además claro de hacer los recorridos debidos en el templo? Aquella posibilidad se quedó flotando en su mente por unos segundos adicionales, mientras observaba como a su vez la reina miraba hacia los corredores, quizás intentando recordar la ubicación del pasadizo o quizás simplemente distraída… já, ¿Lady Ofelia distraída? Por favor, Zareck…

-Ir a la Sala Central es nuestra mejor opción, Majestad. Allí está la más hermosa de las estatuas de Baal y nadie os molestará. –dijo el niño con convicción, mientras echaba a andar con Lady Ofelia a su lado. Había dejado caer las últimas palabras como quien toca un castillo de arena, pendiente de si se acaba por deshacer o no. No le pasaba inadvertido que Su Majestad en realidad buscaba un lugar apartado, privado y tranquilo y tampoco ignoraba que por orden de los altos sacerdotes nadie se atrevería a “molestarles” en sus recorridos, por lo que la Sala Central era un lugar relativamente perfecto para o bien tener una charla o bien orarle al dios Baal. Por donde se lo mirase era un buen lugar.

La pareja dispar recorrió nuevamente una red de pasillos de nuevo en silencio, manteniendo así la tranquilidad del templo. Por su parte, Zareck no estaba del todo tranquilo, de pronto se sentía algo curioso con respecto a las intenciones de Lady Ofelia, fueran cuales fueran. Sin embargo, no exteriorizó aquello, sino que se limitó a caminar con su andar decidido y el silencio de siempre que lo envolvía como un aura. Finalmente se encontró un gran portó frente a ellos y, al abrirlo, pudieron comprobar que tras esas puestas estaba la enorme Sala Central –no por nada llamada así-, iluminada gracias a las miles de velas que estaban desperdigadas por allí, todas encendidas con esmero por algunos sacerdotes desde horas atrás. Lo más llamativo de todo era sin duda la enorme estatua del dios Baal. Si bien el templo estaba repleta de ellas, aquella era la mas imponente, con el hombre-dios montado sobre su caballo en la cima de una montaña. Lástima que tuviera tantas joyas encima, pensaba Zareck. Aquel detalle era lo único que le desagradaba.

-Esta es la Sala Central, Majestad. –agregó, como si la habitación necesitara una presentación adicional. El niño le dedicó una mirada a su reina pero esta no duró demasiado; inmediatamente se giró hacia la enorme estatua para contemplarla, aun desde la puerta.
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